La Feria que aprendió a cambiar

Jocotenango conserva sus sabores, su fe y sus recuerdos mientras incorpora nuevas formas de vender, comer y celebrar.
El ruido de los juegos mecánicos se mezcla con el olor de los churros, las garnachas y otros platillos tradicionales. Entre los puestos, las personas caminan, comen, compran y buscan qué probar. Pero basta recorrer la Feria de Jocotenango con un poco de atención para notar que no todo pertenece al pasado.
Junto a los dulces típicos, las manzanas caramelizadas y la comida que durante generaciones ha acompañado la celebración, aparecen también productos más recientes: bebidas preparadas en pachones coloridos acompañadas de dulces, esquites y sopas preparadas inspiradas en tendencias gastronómicas actuales. La feria conserva sabores que forman parte de su identidad, pero también abre espacio para aquello que la gente consume hoy.
En medio de ese movimiento está Blanca Ordóñez. Durante una entrevista, la conversación tuvo que detenerse cuando un cliente llegó a su puesto.

Blanca dejó la conversación, recibió al comprador y continuó con su trabajo. Entre churros, comida y clientes, retomó después la historia que había comenzado a contar: lleva 15 años participando en la Feria de Jocotenango, pero su relación con esta celebración comenzó mucho antes.
“Mis abuelos nos dejaron acá, luego mis papás y ahora nosotros estamos acá con los puestos que ellos nos han dejado”.
La historia de Blanca es una entre cientos, pero permite mirar algo más grande: una feria que ha cambiado con el tiempo sin desprenderse por completo de aquello que la convirtió en parte de la memoria de la ciudad.
Para Blanca, la feria no comenzó cuando ella consiguió un puesto. Comenzó cuando era niña y acompañaba a sus padres. Entre sus recuerdos está uno poco común para quien llega como visitante: dormir entre cajas mientras sus padres trabajaban en la feria.
Años después, ella continúa allí.
La escena resume una de las características de esta celebración: para algunos visitantes es una experiencia nueva; para otros, es una tradición que forma parte de su historia familiar.
Una historia que comenzó hace siglos
La feria que hoy ocupa parte de la zona 2 de la Ciudad de Guatemala no siempre estuvo allí.
Una investigación histórica y etnográfica publicada por el Centro de Estudios de las Culturas en Guatemala de la Universidad de San Carlos de Guatemala sitúa sus orígenes alrededor de 1620, cuando el antiguo pueblo de Jocotenango se encontraba en el Valle de Panchoy, cerca de Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala. Desde entonces, la celebración estuvo vinculada con la devoción a la Virgen de la Asunción.

En sus primeros años, la festividad no era únicamente religiosa. También funcionaba como un espacio de intercambio comercial. Comerciantes indígenas llegaban de distintos lugares con textiles, productos agrícolas, frutas, especias y otros bienes. La actividad mercantil convivía con las expresiones religiosas y culturales de la celebración.
La historia de Jocotenango también está marcada por el desplazamiento. Los terremotos de Santa Marta de 1773 provocaron el traslado de la capital hacia el Valle de la Ermita y, con él, la comunidad de Jocotenango fue trasladada hacia la nueva ciudad.
Ya en la Nueva Guatemala de la Asunción, la celebración volvió a establecerse y continuó transformándose junto con la ciudad. A finales del siglo XIX, el crecimiento urbano y la incorporación de nuevos espacios de entretenimiento ampliaron el alcance de la feria. En 1928 fue declarada festividad nacional y sus fechas principales quedaron asociadas al 13, 14 y 15 de agosto.
Casi cuatro siglos después, la feria sigue ocupando un lugar en el calendario de la capital.
Pero no es la misma feria.
Los sabores también cuentan historias
Hablar de Jocotenango es hablar de comida.

Elotes locos, churros, tostadas, buñuelos, garnachas y dulces típicos forman parte de los sabores tradicionalmente asociados con la celebración.
En el puesto de Blanca, la lista es todavía más extensa: buñuelos, torrejas, garnachas, dobladas, tortillas de harina, caldo de gallina, revolcado, pepián, churros, elotes locos, frescos, manzanas caramelizadas y mole pero detrás de esos nombres hay una historia familiar.
Blanca aprendió el oficio viendo trabajar a sus padres, quienes a su vez habían recibido los puestos de sus antecesores. La continuidad no está solamente en la receta: está también en la decisión de regresar cada agosto.
La promotora de comunicación de la Dirección del Comercio Popular de la Municipalidad de Guatemala, Lizbeth Monterroso, explica que dentro de la feria participan comerciantes cuyas familias llevan generaciones dedicadas a esta actividad. Algunas recetas y formas de trabajo, señala, han pasado de padres y abuelos a las nuevas generaciones.
Blanca es uno de esos casos.
Para ella, regresar significa recordar a quienes estuvieron antes y, al mismo tiempo, encontrar una oportunidad para trabajar.
“Es una tradición tan linda que primero pues me trae los recuerdos de mis pasados. Y después que nos da la oportunidad de venir a trabajar honradamente”.
También están los clientes que regresan.
Blanca cuenta que algunas personas la buscan cada año por los platillos que ofrece. Cuando vuelven a su puesto después de recorrer la feria, para ella el reencuentro también tiene un significado.
“La gente me dice, mira ya fuimos a la Feria y regresamos aquí con ustedes”.
La tradición, entonces, no solamente se transmite de una generación a otra. También se repite entre quienes regresan a buscar un sabor conocido.
Lo nuevo también encuentra un lugar
Pero caminar actualmente por la feria permite encontrar otra historia.

Entre los puestos tradicionales aparecen productos que responden a los gustos y tendencias del presente. “Azulitos” Bebidas preparadas, dulces presentados de nuevas formas, esquites y sopas tipo ramen conviven con los churros, las garnachas y los dulces de feria.
No se trata necesariamente de que una tradición esté desapareciendo para ser reemplazada por otra. Más bien, ambas formas de consumo comparten el mismo espacio.
La feria cambia porque las personas también cambian.
Incluso la manera de comprar se ha transformado. De acuerdo con información de la Dirección del Comercio Popular, algunos comerciantes han incorporado pagos mediante tarjetas y transferencias, una adaptación a los hábitos actuales de consumo.
Así, la tradición no permanece inmóvil. Se acomoda a las nuevas formas de vender y de comprar mientras conserva parte de su oferta histórica.
Una feria de casi cuatro siglos también tiene que aprender a vivir en el presente
No todos los cambios son gastronómicos.

Para quienes participan como comerciantes, la transformación de la feria también tiene consecuencias económicas.
Blanca recuerda que anteriormente los comerciantes tenían la posibilidad de trabajar durante un mes. Ahora, explica, el período es mucho más corto.
“Antes pues teníamos la oportunidad de poder trabajar un mes, de poder comercializar todos los productos que nosotros ofrecemos acá. Y ahora pues únicamente nos dan del ocho al dieciséis”.
Para ella, la reducción representa un cambio económico importante porque significa menos días para vender.
Su percepción sobre la cantidad de visitantes también ha cambiado. Blanca considera que este año la afluencia ha sido menor que en otras ocasiones y recuerda que antes había momentos en los que resultaba difícil caminar entre los puestos.
No afirma conocer una causa concreta, menciona la situación económica como posibilidades.
Su observación muestra una dimensión de la feria que no siempre aparece cuando se mira desde el lado del visitante: para cientos de personas, Jocotenango no es solamente un espacio de entretenimiento, sino también un período de trabajo.

La Dirección del Comercio Popular señala que la edición de 2026 reúne a 306 comerciantes, una magnitud que requiere coordinación de transporte, parqueos, seguridad y otros servicios municipales, la organización también busca ordenar los espacios comerciales y facilitar la movilidad de quienes llegan a la celebración.
Detrás de los juegos, los puestos de comida y la música existe, por tanto, una estructura que permite que la feria funcione durante esos días.
La fe que permanece
Entre todo lo que ha cambiado, hay un elemento que continúa siendo central: la razón religiosa que dio origen a la celebración.

La Feria de Jocotenango está dedicada a la Virgen de la Asunción, patrona de la Ciudad de Guatemala. El 15 de agosto se conmemora la Asunción de la Virgen María y la celebración religiosa continúa formando parte de las actividades vinculadas con la feria.
Para Blanca, esa tradición no debería desaparecer.
Cuando se le pregunta qué tradición no debería desaparecer, menciona la procesión de la Virgen, además de los juegos, la comida, la gastronomía y otros elementos característicos de la feria.
“Cada puesto de comida tiene una anécdota”
Dice al explicar por qué alguien que nunca ha visitado la feria debería conocerla. Detrás de cada puesto, agrega, existe una historia sobre de dónde vienen sus comerciantes y hasta dónde han llegado.
La frase podría resumir la propia trayectoria de Jocotenango.

Su respuesta vuelve a reunir dos dimensiones que conviven en el mismo espacio: la devoción y el entretenimiento.
Una procesión puede ocurrir mientras a pocos metros funcionan los juegos mecánicos. Una familia puede llegar por la celebración religiosa y terminar comiendo garnachas. Un visitante puede acercarse por primera vez a conocer la feria y descubrir una tradición que para otros comenzó con sus abuelos.
Entre quien llega por primera vez y quien siempre vuelve
No todos llegan a la feria con una memoria heredada.
Lucy la visitó por primera vez en 2026. Lo hizo buscando una experiencia nueva y terminó encontrándose con juegos, comida, dulces y un ambiente que describe como agradable y colorido.
Para ella, la feria puede resumirse en tres palabras: adrenalina, felicidad y una nueva experiencia.
Su mirada es distinta a la de Blanca.
Para Lucy, la feria es descubrimiento.
Para Blanca, es memoria.
Una llega para conocerla; la otra regresa porque ha estado allí durante gran parte de su vida.
Sin embargo, ambas terminan formando parte de la misma tradición.
Una feria que aprende a permanecer
La Feria de Jocotenango ha cambiado de lugar, de dimensiones y de formas de organización. Ha pasado de estar vinculada al comercio de productos y ganado a convertirse en una celebración donde conviven gastronomía, entretenimiento, comercio popular y devoción religiosa. También ha tenido que adaptarse a las necesidades de una ciudad más grande y a una organización que hoy involucra a cientos de comerciantes.

Hoy reúne tradición y novedad en un mismo recorrido.
Los churros siguen ahí. También las garnachas, los dulces, los platos tradicionales y la procesión de la Virgen. Pero junto a ellos aparecen nuevos sabores, nuevas formas de presentar los productos y nuevas maneras de consumir.
Los comerciantes también cambian sus formas de trabajar. Algunos incorporan nuevas modalidades de pago. Otros, como Blanca, continúan preparando los mismos platos que aprendieron de generaciones anteriores.
Y los visitantes cambian también.
Algunos llegan por primera vez.
Otros regresan cada año.

Quizá por eso la tradición no puede entenderse como algo que permanece exactamente igual. Una tradición también puede ser aquello que consigue adaptarse sin perder completamente su memoria.
Porque detrás de cada puesto hay alguien que llegó antes, alguien que enseñó una receta, alguien que decidió regresar, alguien que espera a sus clientes de cada año.
La feria puede durar menos días. Puede incorporar nuevos sabores. Puede cambiar la forma de vender y la manera de llegar hasta ella.
Pero cuando agosto vuelve, también vuelven los puestos, los vendedores, los visitantes, las procesiones, los sabores y los recuerdos.
Fuentes consultadas
Rodríguez, Mario. La Feria de Jocotenango en la Ciudad de Guatemala: una aproximación histórica y etnográfica. Centro de Estudios de las Culturas en Guatemala, USAC, 2025.
Municipalidad de Guatemala, Dirección del Comercio Popular. Entrevista a Lizbeth Monterroso, promotora de comunicación.
Ordóñez, Blanca. Entrevista realizada el 15 de agosto de 2026, durante la Feria de Jocotenango.
Lucy, visitante de la Feria de Jocotenango. Entrevista realizada durante la cobertura de 2026.
Municipalidad de Guatemala. Memoria de Labores 2017, Dirección del Comercio Popular.





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